Si estás preparando una oposición, es normal querer una cifra clara: “¿cuántas horas al día tengo que estudiar?”. El problema es que no existe una única respuesta válida para todo el mundo. Depende del tipo de oposición, tu punto de partida y, sobre todo, de cuánto tiempo real tienes disponible cada semana. En esta entrada vas a encontrar un enfoque práctico para definir tu ritmo, ajustar expectativas y montar una rutina sostenible sin quemarte.
La respuesta rápida (sin mentiras): depende, pero puedes fijar un rango útil
En la mayoría de casos, lo importante no es estudiar “muchas horas” un día y nada al siguiente, sino mantener un ritmo constante. Para aterrizarlo sin inventar números mágicos:
Si tienes poco tiempo, necesitas un plan corto pero repetible.
Si puedes dedicar más, el reto es mantener calidad (no solo cantidad).
En la recta final, suelen subir las horas, pero solo si ya tienes base.
Quédate con esta idea: tu número ideal de horas es el que puedes sostener durante semanas, con repaso y práctica, sin romperte a mitad de camino.
Antes de decidir horas: 3 factores que lo cambian todo
1) Tu oposición y el tipo de examen
No exige lo mismo una oposición con temario corto tipo test que otra con desarrollo, casos prácticos o varias pruebas. Cuanto más complejo sea el examen, más tiempo necesitas para practicar, no solo para “leer” temario.
2) Tu punto de partida
No es lo mismo empezar desde cero que tener base previa (por estudios, experiencia o una preparación anterior). Si partes de cero, al principio avanzarás más lento: es normal y no significa que vayas mal.
3) Tu tiempo real semanal
Aquí es donde la gente se engaña. No cuentes “horas ideales”, cuenta:
cuántas tardes/noches reales tienes
cuántas horas te rinden de verdad
qué días son inviables (trabajo, familia, desplazamientos)
Cuando sabes tu tiempo real, decidir “horas al día” se vuelve fácil: es simplemente repartir bien la semana.
Tres escenarios para elegir tu ritmo de estudio
Escenario A: trabajas a jornada completa
Tu objetivo no es meter muchas horas: es crear una rutina que no dependa de motivación. En este caso suele funcionar:
días laborables con bloques cortos y repetibles
fin de semana con un bloque más largo (si puedes)
prioridad absoluta al repaso para no olvidar
Si intentas estudiar como quien tiene todo el día libre, lo más probable es que lo abandones por agotamiento.
Escenario B: tienes media jornada o disponibilidad media
Aquí puedes combinar avance y práctica con más margen:
bloques de estudio más largos algunos días
repaso planificado (no “si me da tiempo”)
simulacros o test de forma regular
Es el escenario ideal para construir hábito y empezar a entrenar examen pronto.
Escenario C: puedes dedicarte a tiempo completo
Más horas no significa más resultados si no hay estructura. El riesgo típico es “estar muchas horas” pero con baja concentración. En este escenario conviene:
dividir el día en bloques con descansos
alternar teoría, repaso y práctica
medir el progreso por tareas (temas, test, supuestos), no por horas
Si el día se te va sin objetivos claros, estás “ocupado”, pero no avanzas.
Cómo repartir tus horas para que cuenten (y no se evaporen)
Bloque 1: avance de temario
Es el tiempo de aprender cosas nuevas. Mejor en momentos de más energía (mañana o primera franja de tarde). Si el avance no se consolida con repaso, se pierde.
Bloque 2: repaso
El repaso es lo que convierte horas en memoria. Si no lo planificas, acabarás reestudiando lo mismo una y otra vez. Reserva repaso cada semana, aunque sea poco, porque es lo que evita el “olvido masivo”.
Bloque 3: práctica de examen
Test, supuestos, ejercicios, preguntas… lo que sea que se parezca al examen real. La práctica no se deja para el final: se introduce pronto para detectar lagunas y entrenar tiempo y precisión.
Ajusta tus horas según la fase en la que estés
Fase 1: empezar
La prioridad es crear rutina y entender el temario. Si te pasas de horas al principio, te quemas. Mejor un ritmo que puedas cumplir incluso en semanas malas.
Fase 2: consolidar
Aquí sube el peso del repaso y la práctica. Si solo avanzas temario, se te acumula y empiezas a olvidar. La consolidación es cuando más se nota la diferencia entre “estudiar” y “preparar una oposición”.
Fase 3: recta final
En la recta final suele aumentar la intensidad, pero con sentido:
menos “aprender nuevo”
más repaso activo
más simulacros y corrección de fallos
Subir horas sin plan en esta fase solo aumenta ansiedad.
Señales de que estás estudiando demasiadas horas
Si te pasa esto, no necesitas más horas, necesitas ajustar:
lees y no retienes
repites el mismo tema sin avanzar
cada semana cambias el plan
te cuesta dormir o desconectar
sientes culpa constante por “no hacer suficiente”
En oposiciones, la consistencia gana a los atracones.
Señales de que estás estudiando pocas horas
No se trata de compararte con nadie, sino de resultados:
no terminas temas ni haces repaso
haces práctica muy de vez en cuando
pasas semanas sin tocar el temario
llegas a simulacros sin base
Si te reconoces aquí, la solución no es “meter 10 horas”: es crear una rutina mínima que puedas cumplir.
Pasos para definir tus horas al día sin equivocarte
Calcula tu tiempo real semanal (no ideal).
Divide ese tiempo en 3: avance + repaso + práctica.
Reparte en la semana con un plan que puedas sostener 4–6 semanas seguidas.
Revisa cada 2 semanas: si no cumples, no te culpes—ajusta el plan.
Preguntas frecuentes
Las suficientes son las que puedes mantener con regularidad y que incluyen repaso y práctica. Un plan perfecto en papel que no se cumple no sirve.
Se puede, pero exige un plan realista y constante. Lo clave es proteger el hábito semanal y no intentar estudiar como si tuvieras todo el día libre.
Las dos cosas importan, pero estudiar mejor suele dar resultados antes. Si aumentas horas sin repaso ni práctica, no aprovechas el esfuerzo.








